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Antonio Orlando Rodríguez, desde Miami:
La isla del tesoro
Robert Louis Stevenson Traducción de José Torroba Colección Clásicos Espasa Juvenil Madrid: Espasa Calpe
Pocos libros han despertado elogios tan entusiastas
como La isla del tesoro, un clásico de la literatura de piratas y
aventuras. Jorge Luis Borges lo veneraba y también Eliseo Diego lo
consideraba una obra maestra insuperable. Y, en verdad, ambos maestros tenían
toda la razón. Leer –o releer– esta novela de Robert Louis Stevenson,
ambientada en la Inglaterra del siglo XVIII, es una experiencia insustituible
de la que nadie debería privarse. Junto con el pequeño Jim Hawkins, el
caballero Trelawney y el doctor Livesey, nos haremos a la mar en la Hispaniola,
rumbo a una isla lejana, en busca del tesoro del capitán pirata Flint, y nos
enfrentaremos a toda suerte de sorpresas y peligros.
Quizás porque fue escrita para complacer
a un muchacho de carne y hueso –Lloyd, el hijo de su esposa Fanny–, La isla
del tesoro reúne todos los ingredientes necesarios para captar la
atención de un lector juvenil: hay intriga, acción, escenarios exóticos y
personajes de gran riqueza psicológica, como Jim, Ben Gunn y, sobre todo,
como el cocinero cojo John Silver.
Robert Louis Stevenson logró una
atmósfera en la que se conjugan la poesía y el realismo. Otro de sus aciertos
es haber plasmado un verdadero paradigma de héroe adolescente, lleno de
curiosidad, coraje e iniciativa, que consigue sobreponerse a sus temores naturales
y que tiene la audacia y la inteligencia necesarias para salvar a sus
compañeros del peligro de los feroces piratas. El interés de la narración,
vivaz y llena de color y de giros inesperados, no decae en momento alguno: se
inicia con la llegada a la posada Almirante Benbow de un extraño marinero con
el rostro cruzado por la cicatriz de un sablazo, y sigue creciendo hasta un
desenlace magistral, que invita, una vez concluida la lectura del último
capítulo, a cantar a voz en cuello la vieja tonada de los piratas:
Quince hombres van en el Cofre del Muerto.
¡Ron, ron, ron, la botella de ron!
Antonio Orlando Rodríguez, autor e investigador literario cubano.
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LA LUZ ES COMO EL AGUA.
Gabriel García Márquez
Ilustraciones de Carme Solé Vendrell.
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1999.
Ilustraciones de Carme Solé Vendrell.
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1999.
"Esta aventura fabulosa fue
el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la
poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se
encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos
veces.
"—La luz es como el agua —le
contesté—: uno abre el grifo y sale."
Los
niños consiguen su objetivo a cambio de ganarse el laurel del tercer año de
primaria. Al bote de remos le seguirá un equipo de buceo. Los padres se resisten
a tales absurdos pero finalmente ceden ante las notas de sus hijos en el
colegio.
Lo
que los adultos ignoran es que los días miércoles, cuando ellos van al cine,
los niños, dueños y señores, navegan y bucean por toda la casa. La luz es como
el agua, y con sólo romper una bombilla se puede llenar el cuarto de luz y
navegar a placer.
Los
niños son los protagonistas de este relato, ellos son los encargados de
transfigurar lo cotidiano en poesía; cumplir mágicamente los deseos, aún los
imposibles, y bucear por debajo de muebles y camas, desafiando límites y
reglas. En este mundo de imaginación unida al placer, cumplir con las demandas
paternas, con los deberes escolares, es sólo una estrategia para alcanzar ese
otro mundo: el de la poesía y el desafío de los límites, el logro del deseo
imposible. A este mundo no accederán los adultos, que se limitarán a premiar el
buen desempeño escolar y se mostrarán preocupados ante los signos de inmadurez
de sus hijos.
Este
cuento de García Márquez, uno de los que componen el libro Doce cuentos
peregrinos, logra en este formato de álbum ilustrado, no sólo definir un
nuevo destinatario, el infantil, sino también realzar esta idea núcleo: hacer
de los objetos cotidianos, de los utensilios de todos los días, objetos de
poesía.
En
las ilustraciones, un sillón se metamorfosea en leopardo y el departamento se
ve transformado en una selva tropical donde muebles enormes, barcos, tucanes y
niños flotan en la ingravidez de la luz.
Al
finalizar el relato alguien acaba de apagar la luz, ¿o está por encenderla? Y
con la luz, con la poesía, ya se sabe, recomienza la aventura.
Recomendado
a partir de los 8 años.
Marcela Carranza es Licenciada en Letras Modernas de la Universidad Nacional de
Córdoba (Argentina). Como miembro de CEDILIJ (Centro de Difusión e
Investigación de Literatura Infantil y Juvenil).
Lean el material y
contesten.
2.¿Cuál es la intención de este texto?
3. ¿A qué recurre la crítica Marcela Carranza para tal fin?
3. ¿A qué recurre la crítica Marcela Carranza para tal fin?


Muy buen trabajo!
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